Operación Tormenta de Fuego


"Vio dos escuadrones de soldados de asalto Kasrkin alejándose del coronel, tomando posiciones rápidamente para mantener el paso abierto el mayor tiempo posible. Se movían como uno solo, disparando disciplinadas ráfagas de rifle infernal para maximizar el efecto, y Wulfe quedó profundamente impresionado. Los Kasrkin eran una casta especial. Se preguntó qué hacía falta para mantener la serenidad, rodeado de tanta muerte y horror, de salvajes alienígenas que te superan tres o cuatro veces en peso. Se maravilló de su serena eficiencia..."

    El sargento Constantin Drask ya contaba con una excepcional hoja de servicio en la Guardia Interna de Cadia cuando salvó la vida del Inquisidor Zoric durante una incursión del Archienemigo que precedió a la 13.ª Cruzada Negra. Fue reclutado por el Ordo Hereticus como acólito guerrero y rápidamente ascendió en el escalafón hasta Agente del Trono: la selecta minoría de hombres de confianza que sirven como séquito y delegados de un inquisidor. Actualmente Constantin lidera la escuadra Tormenta de Fuego, un equipo de veteranos cuidadosamente seleccionados que cumple órdenes de su señor en mundo lejanos. En los pasillos de la fortaleza de Nemesis Tessera se susurra que es solo cuestión de tiempo antes de que Zoric lo designe como su sucesor, rumor respaldado por el hecho de que a Constantin se le ha concedido el excepcional privilegio de empuñar una Pistola Infernal y portar un sello que le permite ejercer la autoridad de su maestro

    La miniatura es el sargento Kasrkin clásico (de glorioso metal), al que he cambiado la hoja de la espada de energía y la boca de la pistola. Los Karskin esculpidos por Juan Díaz siempre se han contado entre mis miniaturas favoritas de Warhammer 40.000, con un diseño más verosímil que las tropas de asalto adiestradas en la Schola Progenium o los granaderos de otros regimientos. También es de destacar la icónica ilustración de Karl Kopinski para el reglamento de 4º Edición y su aparición estelar en el segundo libro de la trilogía de Eisenhorn. Ahora mismo me estoy leyendo las novelas más recientes sobre la caída de Cadia, así que espero que les hagan justicia.


Kyprian el Exiliado



Hace ya un tiempo hice a este personaje para Inq28: Kyprian el Exiliado


    Me decanté por hacer a uno de los míticos Caídos por varios motivos.  A estas alturas del partido es un hecho que los Marines Espaciales de Warhammer 40k han perdido personalidad a marcha forzadas, pero yo quería honrar la edad de oro de principios de los 2000, cuando aún eran caballeros góticos del espacio. En concreto quería hacer algo que pareciera sacado de la portada que John Blanche hizo para la tercera edición del juego. Así que obviamente iba ser un guerrero en una recargada armadura negra.

Los Templarios Negros, de John Blanche
    Aunque los herederos de Sigismund se cuentan entre mis Astartes preferidos (y en su día fueron mi ejército principal), sería difícil justificar la presencia de un Templario Negro solitario en un juego de rol o escaramuzas. No sería imposible, pero la cantidad de historias que podríamos contar estaría limitada: quizá un cruzado solitario asignado a los cazadores de alienígenas y poco más. En cambio, los Caídos sí acostumbran a recorrer la galaxia por su cuenta y son figuras ambiguas: algunos aún se consideran leales al Emperador, otros sirven al Caos y muchos son renegados independientes. Por eso en una partida de Inquisitor pueden usarse sin problema como aliados de cualquier facción o como personajes controlados por el máster. Esta última idea es muy atractiva, ya que en dicho sistema los Astartes son tan poderosos como en las novelas y se suele desaconsejar su uso, pues decantan la balanza de un lado demasiado fácilmente. En cambio, si los controla el árbitro pueden ser un enemigo formidable para todos los jugadores, sobre todo si la revelación final de una campaña es que han estado moviendo los hilos desde las sombras o uno de ellos es el guardián del Mcguffin. 
    
    Otro de los motivos por los que decidí hacer a un (ex)miembro de los Ángeles Oscuros era homenajear algo aún más antiguo: Rogue Trader, el génesis ochentero de 40k. En esos primeros años, el esquema cromático de la Primera Legión era negro (posteriormente se recanonizó como el uniforme original durante la Gran Cruzada), con  el añadido de una franja roja en el yelmo que ayuda a dar un aspecto retro a las miniaturas modernas.

Rogue Trader: cuando los Astartes
 combatían a los punks
    Sea como fuere cuando tuve una idea general de lo que quería hacer me puse manos a la obra. Quería que el Marine Espacial tuviera una escala realista comparado con los humanos corrientes, pero como no puedo tragar el estilo minimalista de los Primaris (causa de la ya mencionada pérdida de personalidad) decidí usar un Stormcast de Age of Sigmar como base. Sí, ya lo sé: son una herejía y un recordatorio de la prematura extinción de Warhammer Fantasy, y nunca deberían usarse en un juego de fantasía so pena de galeras.  Pero para juegos futuristas de estilo barroco algunas piezas de la armadura tienen un pase, sobre todo si les cambias los brazos, las hombreras y, sobre todo, la cabeza. Además mi madre me enseñó que nunca debes tirar miniaturas porque los niños de Cadia no tienen ni eso.

    Escogí ese cuerpo porque tiene tanto uno faldones que recuerdan a los hábitos monásticos de los Ángeles Oscuros como unos pteruges que encajan con la estética de la Gran Cruzada, además de iconografía de leones que encaja a la perfección con el personaje. Desde el primer momento supe que le pondría el casco del antiguo comandante de los Marines Espaciales, un generador dorsal mk3 y un escudo heráldico en la hombrera. Para reforzar aún más el estilo arcaico y veterano le añadí una anticuada pistola de duelo y unos cables que unen el gladius al generador dorsal. Con esta mezcolanza parece que Kyprian ha reparado o sustituido algunas partes de la armadura y lleva trofeos de enemigos derrotados.

    Desde el principio también tuve claro que añadíría algo de desgaste, aunque sin pasarme: la armadura tenía que parecer antigua, pero no en mal estado. Por eso me limité a pequeñas acumulaciones de polvo y óxido en algunos recovecos y pequeños arañazos en gris sobre la superficie negra. Antes de pintar usé un taladro para hacer algunas abolladuras provocadas por armas ligeras. La idea es que Kyprian el Exiliado no descuida su equipo, pero la miniatura lo representa en el transcurso de una misión prolongada.







El día de la seta

Después de una breve espera ya ha llegado a mis manos un porrón de setas de resina. ¿Su propósito? Bueno, en teoría (como podéis ver en el donjuan esquelético) están pensadas para decorar peanas, pero nada me impide usarlas para crear soldados y criaturas fungoides.




La Saga de Filipo el Agusanado (II)

Hoy os traigo al mayor Stefan Wittock , uno de los lugartenientes de Filipo el Agusanado. 

    Además de liderar su batallón en combate, también es el Requisador en Jefe y se dedica a confiscar, hurtar y tomar prestado todo aquello que la Compañía Radiante necesita para mantenerse en pie de guerra. Por tanto no es de extrañar que sea universalmente aborrecido por los campesinos de Quiste, aunque a él no le importa demasiado:  con la aprobación de Agallas le basta.

    
    El cuerpo, los brazos y la espada-bayoneta provienen de los fusileros británicos de Wargames Atlantic. las piernas y la cabeza con sallet son de los mercenarios tardomedievales de los hermanos Perry, con el añadido de un chacó de la reserva prusiana de Atlantic. Agallas es un familiar de Tzeentch .

Viejo Cucurucho

"Una antigua leyenda cuenta que en edades menos ilustradas las madres castigaban a sus hijos cuando estos no querían comerse la verdura. Es un testimonio de lo mucho que han cambiado los tiempos que ahora el mayor temor de muchos sea el castigo de Viejo Cucurucho. Dicen que aparece en las noches de luna llena para arrebatar los vegetales a los pecadores....Y a veces también se lleva sus piernas" -Aldo el Cojo, parroquiano del Cerdo Azul



    El Penitente es considerado una figura de mal agüero en todo el condado, ya que allá por donde pasa se manifiestan fenómenos extraños y aparecen criaturas que no parecen nacidas de la Raíz. Muchos dicen que los demonios siguen su estela, aunque quienes han sobrevivido a su paso dicen afirman que en realidad su presencia sólo revela lo que ya estaba ahí, lo que suele ir seguido de un incómodo silencio.

    Viejo Cucurucho es un penitente en miniatura que llevaba más de veinte años dando vueltas por mi casa. Aunque sea de plástico cutre y se perdiera una de sus manos siempre le he tenido mucho mucho cariño, ya que de niño me fascinaban los trajes de nazareno (me recordaban a Darth Vader). Por eso decidí darle una nueva vida en Turnip28, aunque para ser sinceros también quedaría bien en otros mundos. Será el encargado de vigilar de cerca a unos diablillos inspirados en El Bosco que  tengo postergados desde hace tiempo en la mesa de pintura (No sólo por lo que son, sino porque se necesita la paciencia de un hombre santo para soportar a gente tan pesada).

La Saga de Filipo el Agusanado (I)

Hoy os presento al general de mi ejército de Turnip28: el Archibarón Filipo el Agusanado,  carismático líder de la Compañía Radiante.


    El Archibarón y su camarilla no son oriundos del Condado de Quiste, sino que vinieron de muy lejos. Sus aduladores cuentan que es uno de los muchos pretendientes de la Princesa Radiante, que supuestamente gobierna más allá de las nieblas del Este. Según dicen, el Archibarón llegó en busca de hazañas heroicas, con el objetivo de hacerse un nombre y ganar la mano de su musa. Las malas lenguas, en cambio,  dicen que en realidad no es más que un proscrito expulsado del país por deudas de juego.

    Sea como fuere,  de los seguidores originales de Filipo sólo quedan su plana mayor y los granaderos, que forman el núcleo de élite de la Compañía. Las tropas del Agusanado sufrieron tantas bajas durante el viaje que se han visto obligados a reclutar nativos, que hoy día conforman la mayor parte de la hueste. Por este motivo con el tiempo la Compañía ha acabado adoptando algunas costumbres de Quiste, como tener la Santa Zanahoria de tubérculo patrón. En cuanto a la uniformidad, Filipo siempre insiste en el aspecto “radiante” de sus tropas, que llevan máscaras y viseras de latón; así como prendas de color verde cenagoso con vueltas amarillas.

    Este es uno de esos casos en los que la miniatura precede a la historia, ya que se trata de un experimento que hice sin ningún plan más allá de la máscara dorada. El Archibarón es un coronel británico de la Guerra de Crimea de Warlord Games, al que le cambié la cabeza por una calavera y le puse una cola de skaven (de ahí su apodo). Su noble corcel es una amalgama de diversas piezas de Warhammer Fantasy: el cuerpo es de un lobo espectral, la cabeza es de un destrero bretoniano y el pergamino de un monje de plaga skaven.

Guía: Grimdark para principiantes


En este tutorial veremos una forma sencilla pero resultona de pintar vuestras miniaturas. Sirve tanto para miniaturas solas como para pintar en serie pequeños grupos. Hay que tener en cuenta que recrear la estética del Blanchitsu o de Inq28 es una cuestión tanto de técnica como de gusto: por ejemplo una combinación de blanco puro, azul eléctrico y rosa neón quedará fuera de lugar, independientemente de la técnica que uséis. Como norma general, si un color no quedaría bien en cuadro tenebrista del siglo XVII es mejor evitar usarlo salvo en pequeños detalles.

    Para no complicar el asunto me he decantado por algo sencillo: un mosquetero que no quedaría mal en Turnip28. En este caso me sobraba un casaca roja de Perry Miniatures, al que he añadido unos hierbajos en la espalda y el sombrero. Si se trata de una extraña moda local, camuflaje, vegetación creciendo en un zombi o una mutación lo dejo a vuestra imaginación.


I. Capa base

Tradicionalmente la imprimación es negra, gris o blanca, y sirve para que las siguientes capas se adhieran mejor. Sin embargo esta vez nos decantaremos por un color que nos ayude con lo que haremos después. En el caso de los estilos grimdark destacan los tonos apagados y luces poco definidas, por eso he imprimado mi miniatura con marrón claro.

    Con la primera capa queremos un acabado uniforme: el plástico tiene que quedar completamente cubierto, sin transparencias. Para los pintores novatos en este punto puede resultar tentador cargar mucho el pincel para ahorrar trabajo, pero hay que evitarlo a toda costa porque lo único que conseguiremos será tapar los detalles. Por esto siempre hay que dar dos o tres capas de pintura finas, con el pincel poco cargado y aguando mínimamente la pintura: lo suficiente para que corra mejor y sea controlable. Un exceso de agua en la mezcla hará que no se quede en su sitio y sea demasiado transparente. Por eso siempre hay que probar la transparencia en la paleta y quitar el exceso de agua suavemente en papel de cocina.

    Para facilitarnos el trabajo siempre es preferible usar colores muy cubrientes, ya que así tendremos que dar menos capas. En mi caso han bastado dos de Marrón Denso de Vallejo.


II. Pincel seco

Una vez tenemos la miniatura imprimada vamos a darle pincel seco con un color más claro. Para esto es mejor usar un pincel viejo o diseñado para tal función: ¡No queremos que los pinceles buenos pierdan la punta! Como recomendación de la casa, lo mejor para esta técnica son los pinceles de maquillaje. No sólo son mucho más baratos, sino que además vienen en muchos tamaños y sus cerdas son finas y flexibles, lo que reduce el riesgo de raspar la capa base sin querer.
    
    Como indica el nombre de la técnica, no debemos humedecer ni el pincel ni la pintura. Para esta miniatura vamos a usar un caqui desértico. Sencillamente tomamos algo de pintura y a continuación pasamos el pincel varias veces por el papel de cocina para retirar el exceso antes de pintar. Nótese que este es uno de los motivos por los que prefiero usar papel de cocina en lugar de trapos: además de absorber mejor el agua, su textura ayuda a preparar el pincel seco. El objetivo de esta técnica es dar algo de volumen a la miniatura. Esto es así porque si las siguientes capas se transparentan el acabado será irregular: parecerá que las partes más elevadas están iluminadas y que el tejido se ha descolorido o tiene rozaduras.


III. Uniforme y equipo

Este paso no tiene mucho misterio: es pintar cada parte de su color. Los metalizados del arma, los botones y la cantimplora los dejaremos para más adelante.
    
    Siempre es recomendable pintar "de dentro hacia fuera", comenzando por las zonas más hundidas. Lo hacemos así porque al trabajar en zonas de difícil acceso corremos el riesgo de pintar los alrededores sin querer. Por tanto, si las otras superficies ya estuvieran acabadas habríamos trabajado en vano. En cambio, si las manchamos sin querer antes de pintarlas no pasará nada porque de todas formas pintaremos por encima. Por este motivo también hemos dejado la correa de la cantimplora, el sombrero y la cartuchera para el final.
    
    Como se puede apreciar en la fotografía el acabado no es uniforme. Sobre todo se nota en el verde de la casaca y los pantalones: las arrugas son más oscuras y los salientes más claros. Estos son los frutos del pincel seco del paso anterior. Si pintáramos en un estilo más pulcro necesitaríamos dar varias capas de pintura hasta que el color fuera uniforme, pero como buscamos el acabado desgastado podemos permitirnos estas pequeñas transparencias, lo que nos ahorra bastante tiempo.

    Como no estaba satisfecho con el tono de los zapatos y el chaleco he alterado el color mediante lavados. En el caso de los zapatos quería que fueran más oscuros, mientras que con el chaleco quería distinguirlo sutilmente del amarillo de las solapas de la chaqueta. Un lavado consiste en aplicar pintura más aguada de lo normal para modificar un color o añadirle sombras o suciedad. En el caso de los zapatos he usado una mezcla del marrón y negro, mientras que en el chaleco simplemente he usado un naranja muy transparente. Como he explicado más arriba, la pintura aguada es difícil de controlar y por eso siempre tenemos que asegurarnos de que el pincel no está demasiado cargado antes de tocar la miniatura.


IV. Piel y ojos

Pintaremos la piel en tres pasos. Nuestro objetivo es conseguir un tono muy pálido que contraste con los oscuros de la ropa. También queremos que sea ligeramente azulado para compensar los tonos cálidos, sobre todo la tierra rojiza de la peana.

    Comenzaremos dando una base de blanco mezclado con una pequeña cantidad de azul cielo, pero sin excedernos con el segundo color. Esta capa tiene que ser como la que hemos dado al principio: uniforme, sin transparencias. Por eso seguramente tendremos que darla varias veces antes de conseguir el resultado deseado. Los blancos siempre transparentan, pero para facilitarnos el trabajo podemos usar blanco de titanio. La mayoría de casas de acrílicos lo comercializan con ese nombre, pero en el caso del material destinado a miniaturas no es tan habitual. Tanto el blanco como el gris blanco de la gama Model Color de Vallejo contienen blanco de titanio, así que yo suelo usar esos.

    El segundo paso es muy sencillo: simplemente añadimos más blanco a la mezcla y volvemos a pintar las zonas más elevadas. Por ejemplo, la frente, la nariz, la barbilla y los nudillos. No te preocupes si en este punto te parece que la piel desentona o es demasiado azulada: el siguiente paso y la tinta alterarán el tono.

    El tercer y último paso es lo que los pintores llaman carnaciones, que son resaltes rosados que se hacen en zonas donde hay mayores concentraciones de sangre. La mejor forma de entender este concepto es imaginarse a una persona de piel clara cuando tiene un resfriado: la nariz, las mejillas y las orejas serán de un color distinto. Recrear este efecto dará mucha vida a la miniatura. Para ello utilizaremos una técnica llamada veladura: comenzaremos añadiendo a la mezcla del paso anterior una pequeña cantidad de rojo, hasta que adquiera un todo ligeramente rosado. Cuando lo tengamos, añadiremos agua hasta que la pintura se transparente ligeramente, pero sin ser tan fluida como el lavado que hemos usado en los zapatos. Luego tomaremos una pequeña cantidad con el pincel y quitaremos el exceso de agua. Con esto teñiremos la nariz, el contorno de los ojos y el labio inferior.
    
    Para pintar los ojos simplemente cogeremos el pincel más afilado que tengamos y pintaremos un diminuto punto negro o azul oscuro en el centro de cada uno. En este caso he decidido que el mosquetero sea tuerto, así que sólo he pintado uno, mientras que el otro está cerrado y tiene una cicatriz. Pintar ojos puede ser complicado si esta es tu primera miniatura, pero si ves que no te sale no te desesperes: sencillamente déjalo sin pintar, la tinta del final hará el resto.


V. Metalizados

Pintaremos las partes metálicas con plateado, pero para que no queden demasiado brillantes vamos a simular que la cantimplora y el fusil tienen algo de óxido. Para ello podemos hacer un lavado con naranja oscuro o marrón rojizo. En mi caso tengo un naranja que sólo uso para eso: después de comprarlo me di cuenta de que era tan transparente que no era práctico para pintar grandes superficies, pero guardarlo al final tuvo su recompensa. Moraleja: nunca hay que tirar un color, por inútil que pueda parecernos.

    Cuando tengamos los metalizados pintaremos los detalles planos que hayamos dejado para el final, como en este caso el sombrero y la cartuchera. El cabello y los matojos los podemos dejar como están.


VI. Tinta

A continuación aplicaremos un lavado sepia. A diferencia de los otros lavados en este caso no lo elaboraremos a partir de una pintura base, sino que es recomendable usar un material preparado para tal función. Yo uso Lavado Sepia Vallejo, aunque hay que tener en cuenta que la fórmula ha cambiado y ahora es más oscura que la clásica. También podríamos usar Nuln Oil de Citadel si quisiéramos un efecto menos terroso.

    Este paso es relativamente sencillo, sólo es importante tener en cuenta que si vemos que queda demasiado oscuro podemos añadir un poco de agua a la paleta, pero debemos evitar que se formen grandes acumulaciones en la miniatura. Si esto sucede, sencillamente tocamos la zona encharcada con un pincel limpio para absorber el exceso.


 VII. Peana

Decoraremos la base imitando tierra roja. En nuestro caso ya hemos pegado un cráneo a la peana, así que lo pintaremos de blanco antes de hacer todo lo demás.
    
   Primero cubriremos la superficie de la peana con cola blanca y la sumergiremos en un recipiente lleno de arena de playa o terrario. Una vez haya secado, agitaremos la miniatura para quitar los granos que no se hayan pegado. Para pintar la arena usaremos una mezcla del lavado sepia del paso anterior con escarlata o rojo vivo, que aplicaremos a toda la base, incluyendo el cráneo.

    Para simular que nuestro mosquetero ha estado marchando un buen rato por tan inhóspito paraje podemos añadir algo de agua y dar un lavado a los zapatos y la base de los pantalones. Cuando se seque parecerá polvo que se ha pegado a la ropa.


VIII. Barniz

El último paso es dar la mosquetero una capa de barniz mate. Al igual que con el lavado sepia, si lo aplicamos con pincel tenemos que evitar que se formen grandes concentraciones de líquido. Si estamos pintando miniaturas en cadena, lo mejor es barnizarlas en grupo con un spray. El barniz no sólo protege la miniatura, sino que ayuda a integrar mejor algunos colores.





¡Y con esto nuestro mosquetero ya está listo para marchar hacia un destino incierto!

Ten en cuenta que este es sólo un método entre muchos, y que en futuras guías exploraremos más técnicas de pintura. En el fondo cuando se aprende más no es siguiendo al pie de la letra unas instrucciones, sino cuando cuando comenzamos a experimentar dando nuevos usos a los recursos que hemos aprendido.




Bienvenidos

Bienvenidos a Espacio 28, donde iré publicando algunos de mis trabajos en el mundo de las miniaturas. Hasta ahora sólo los había mostrado en mis redes sociales y dedicado mi otro blog al comentario de cuestiones sesudas; pero creo que ya va siendo hora de compartir otra faceta de mi vida en un formato algo más detallado. 

    Este blog no estará dedicado a los juegos de miniaturas en general sino a mis trabajos y reflexiones en el campo del 28. Definirlo es complicado, pero baste decir que se trata de un movimiento artístico asociado a la estética conocida como “Grimdark” . Es un estilo gótico, envejecido y recargado, que debe mucho al trabajo de John Blanche , Hieronymus Bosch, Monty Phyton, Mad Max y los arcanos misterios que susurran las zanahorias

    Si te pica la curiosidad y  no has huído aún, debes comprender que ciertas cosas es mejor no explicarlas. Correrías el riesgo de no entender ni papa o enloquecer. Lo mejor en el 28 no es buscar entenderlo sino ver muchas muchas cosas que caen bajo ese paraguas. Al cabo de un rato pillarás el truco y sabrás qué es, aunque tampoco podrás describirlo del todo. Lo que podrás decir con seguridad es que si redujéramos el mundo cincuenta y seis veces el humano medio mediría unos 28mm...